Autor desconocido

Todo en este mundo es un hecho efímero, como el sueño dentro del sueño de un insomne. Las personas que vimos ayer ya no están hoy; y aquellos que hoy vivimos, no podemos asegurarnos de ver el alba con los seres que amamos, cada respiración que uno da, puede ser la señal de partida.
El sol descenderá tras las crestas de los cerros más altos, y la luna se desvanecerá con el próximo amanecer; florecerán los capullos mostrando vivos y bellos colores, sólo para ser arrastrados por el vendaval de julio: no es el hombre el único ser vano. En el curso normal de los hechos, los hijos sobrevivirán a sus padres; mas, poniéndonos a pensar un poco en ello, advertimos con un escalofrío que la muerte llega para todos por igual, a veces antes de poder decir que ya nos vamos.
Quizá no escapemos a la resurrección esta vez, tal vez incluso debamos superar incontables reencarnaciones como castigo por ser malos. Con todo y eso, no habrá muchas posibilidades de que nos volvamos a encontrar. Por eso me dirijo a ti ahora, para recordar la ocasión en la que pudimos vivir juntos, un fragmento de tiempo en el vasto infinito del ser.

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