Días de asueto


Destapé y bebí, no sin gran ansiedad, una cerveza, estaba caliente, levanté el aparato y llamé a la vecina, una joven independiente, tuvimos un rato de sexo violento con su respectiva dosis de maltrato sicológico, luego le pedí que nos hiciera unos huevos revueltos mientras yo ponía la mesa; desayunamos en paz y hablamos mucho sobre ti, ella te tiene en gran estima, tomamos una taza de café, el mío con whisky y el suyo con dos de Canderel. Lo hicimos de nuevo, ahora sobre el sillón de la sala que nos obsequió tu hermana la navidad pasada, le mordí las tetas para que chillara, arañé sus nalgas. Tomamos una siesta, y, cuando desperté, ya habías llegado a casa, cansada, me abrazabas sobre la cama, tendida en el lugar que ella ocupara. Te besé y seguí durmiendo, no había mucho más que hacer a aquella hora.

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