La rifa del tigre


Vuélvete, paloma,
Que el ciervo vulnerado
Por el otero asoma
Al aire de tu vuelo, y fresco toma.
Cántico espiritual, San Juan de la Cruz




Él es todo un naco y ese no es tu problema,
Mejor tú no opines si no quieres ver sus flemas.
Ñero, Molotov




(El siguiente es un cuento inspirado libremente en la canción Ñero, del álbum discográfico Apocalipshit, del grupo mexicano de rock Molotov, por lo que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia).




1
El 1 de julio próximo vas a despertar bastante tarde, a eso de las once o probablemente hasta mediodía de una buena vez, el horario exacto no ha sido resuelto. Será domingo, habrás bebido chelas y fumado mota más de la cuenta el sábado anterior, tu cabeza va a estar hecha un ovillo. Las sábanas saladas de la cama se pegarán a tu piel sintética y pringosa. Al levantarte te vestirás exactamente con la misma ropa, y, al recordar que el resorte de tus calzoncillos dice 'winner' sonreirás por la ironía de considerarte cualquier cosa excepto un ganador. Afuera ya escucharás los primeros gritos de histeria de tu mamá regañando a tu hermana porque irá llegando a casa desde anoche que habrá salido contigo a un supuesto concierto de música electrónica, aunque en realidad será sólo un mediocre intento de orgifiesta, harto carca y aburrida, por cierto.
Después de levantarte de la cama sin hacer ruido alguno y deslizarte de puntitas (ayer de putitas y hoy de puntitas, pensarás fugazmente, y cerca estarás de soltar la risa cuando vas a recordar que una de esas putitas será tu hermana) al meadero, o sea la azotea, y tirar una buena meada a la altura de la coronilla de tu madre, estarás preparado para enfrentar la cruda realidad con aplomo, reflexionarás. Para no tener que toparte con las dos fieras enjauladas en la cocina saldrás por la ventana y subirás las escaleras negras de caracol cautelosamente, encendedor en mano para fumar la bacha que habrá en la bolsa de tu pantalón Bershka, el cual se verá tan farol en el modelo de la sucursal Madero que ni siquiera te lo probarás cuando lo compres, y luego te parecerá tan poca cosa puesto en tu cuerpo cuando lo estrenes, que no sentirás pena alguna por él al notar el enorme hoyo de cigarro que le harás en la pierna izquierda la noche antes del 1 de julio.
Al mirar hacia lo lejos verás un cartel de Rogelio Centeno Solis pegado en el poste de luz de la acera, candidato presidencial por el Partido Neoliberal, luego otro de Ulises Meza Obregón, candidato presidencial por la coalición Izquierda Unida, los contendientes más fuertes, y entonces te darás cuenta de qué clase de día va a ser. Comicios, lo cual significará una sola cosa para ti: ley seca en todo el país. Casi lo habrás olvidado, por lo que el recordatorio te vendrá como balde de agua helada, pues si bien no será difícil conseguir alcohol clandestinamente con algo de dinero, tú carecerás por completo de éste y tu única esperanza recaerá en Alejo, el esposo de tu tía Teresa, quien será dueño de una tienda de abarrotes cercana pero entrará en operación hasta después de las dos de la tarde como casi todos los fines de semana. Calcularás acertadamente que él te fiará sin mucho problema unos cien pesos en alcohol, pero antes te impondrá una gran condición: que vayas a votar, de paso sugerirá que lo hagas por UMO, para terminar señalándote un cartel de dos metros del candidato pegado en la pared de su negocio mientras hace una mueca de pendejo. A juzgar por su brío cualquiera diría que él mismo tendrá en juego un hueso, pero tú sabrás que no. Tu joven, macilento, y melenudo tío político será uno más de muchos otros fieles y fanáticos que concebirán a Meza Obregón como un Mesías. En ese aspecto sí va a ser muy obediente de su deber cívico, aunque regresando de votar esté dispuesto a fiarte el pisto, comentarás estúpidamente en su momento, poniendo en riesgo la aprobación de tu futuro préstamo. Sin embargo, Alejo estará de buen humor y pasará por alto tu insolencia, además, se sentirá optimista y tendrá la certeza de que vas a elegir a su candidato, pues ya se lo habrás informado semanas antes, una tarde callosa y húmeda de mediados de mayo.
Cuando al fin te decidas será por haber visto un video de Adrián Vidal, el actor de moda, y otro video de Salvador Arreguín, el cantante de moda, en Youtube apoyando a UMO y de inmediato pensarás que si un cabrón tan mamado y otro tan hipster lo apoyan, tú por qué no. A RCS, en cambio, lo apoya la periodista Loreto de Mola, quien de hecho no mola. Todo eso pensarás, transformado instantáneamente en politólogo bajo los influjos de la mariguana en los dominios de tu cuarto al ver los clips, luego te dará sed y, tras trapichear con tu madre, saldrás con un billete azul de veinte pesos a tomarte dos cervezas en la tienda de Alejo, y, de paso, a hacerlo partícipe de tu reciente iluminación, por supuesto disimulando tus verdaderos motivos y sustituyéndolos por una mala asimilación y mezcla de los argumentos que Vidal y Arreguín van a esgrimir, que, dicho sea de paso, tampoco serán discursos muy elaborados.
En el transcurso de las siguientes semanas, cada vez que vayas a beber a su local (y va a ser muy seguido), Alejo se convertirá en algo así como un NotiUlisesParlante que te mantendrá al tanto de las encuestas amañadas de los medios de comunicación que en su mayoría le darán una ventaja arrasadora a Centeno Solis, te hablará de la alianza secreta del Partido Neoliberal con, precisamente, Alianza Mexicana (partido manipulado al antojo personal de Elvira Elena Trujillo, un dinosaurio ex dirigente del PN), cuyo candidato presidencial tu tío comparará con la ridícula marioneta de una bruja, y le saldrá barata la ofensa a Javier Tagle, porque a RCS no lo bajará de ser el perro más faldero del diablo, Servando Mina Infante, antecesor suyo que saqueará al país y lo dejará en su peor crisis. Entre trago y trago de Indio, te hablará de un posible fraude, del supuesto problema de adicciones de la candidata Ernestina Delgadillo, del Partido de Derecha, y del soberbio gabinete de UMO.
Ahora bien, en tu vivienda las cosas no van a ser muy distintas, tu padre llegará del trabajo cada noche con nuevos videos y documentos que mostrarle por el móvil a la familia acerca de la buena fe del candidato de las izquierdas y de los cepos que los partidos de la oposición le han puesto para evitar que llegue a la meta. Todo muy bonito, pero tú aprovecharás esas ocasiones sólo para meter inserciones pagadas sobre tu inminente cumpleaños y el deseo de tener un smartphone como el de Francisco. Él dirá algunas veces Ya veremos, pero la mayoría del tiempo responderá que ya va siendo hora de que te ocupes en algo.




2
Mientras hagas esta breve retrospectiva en tu azotea, detonada por la estúpida propaganda política, el tiempo se consumirá tan despacio como el nuevo carrujo que habrás de forjar y consumir metido en una obsoleta bañera que nunca se instalará, a la sombra de una toalla atada de extremo a extremo entre dos varillas. En el cielo, una nube nívea y larga, ovalada y esponjosa como la cola de La Rulos (mascota de la familia), cuyo nombre científico no vas a conocer, se dividirá en dos semicírculos; y, luego, una repentina ensoñación proyectará tu lánguida estampa en uno de ellos, y te verás a ti mismo en una época pasada de tu porvenir; estudiando con un libro ajado sobre la mesa coja de tu cuarto para el examen de Física y Química, memorizando precisamente, entre otras cosas, los tipos de nubes existentes, clasificadas de acuerdo a su forma, repasando una y otra vez sus ridículos nombres, incapaz de mantenerlos en tu mente. Sacarás cuentas y descubrirás que pronto hará dieciocho meses que habrás abandonado la escuela.
Mientras que en la burbuja de la segunda bola de cristal encontrarás otra realidad alterna, aun más turbia, de ti en el que, a tu parecer, sería el peor de los escenarios posibles de un pinche porvenir ingrato: saliendo de tu modesto departamento rentado en La Bondojo a las seis de la mañana con el cabello engominado echado hacia atrás, conduciendo un irrisorio Tsuru tapizado de publicidad de medicamento anti hemorroides, propiedad de alguna empresa transnacional inescrupulosa para la cual te verás laborando, esclavizado de por vida. De haber continuado tus estudios, reflexionarás, te habrías convertido en la viva imagen de Francisco.
Una breve eternidad después, ambas mitades de tu vida se disolverán en la atmósfera como los Alka-Seltzer que tu papá va a beberse en esos momentos sin sospechar que estará siendo víctima de tu lástima y tu asco en la azotea. Más abajo y a una docena de metros de distancia, vas a oír el serrucho del carpintero de la esquina trabajando en una vitrina con acabado rústico, una paloma cagará profusamente justo en el centro del parabrisas del Ford Fiesta de los Mendoza y se echará a nadar al cielo, luego, vas a dedicar un momento a pensar en el suicidio y en los muchos modos de no cometerlo.
Al volver al presente sentirás una hueva extraordinaria de ir a votar. Pero al mismo tiempo estará la cuestión de las cervezas, porque, ¿quién más, sino Alejo, te prestaría? Tus padres ni pensarlo, a esas alturas ya te la tendrán sentenciada, medio en broma, medio en serio, con llevarte a un anexo, y tus amigos serán unas lacras que, igual que tú, sólo se arrimarán cuando haya quien pague la peda, y Delia estará tan quebrada como tú. En resumidas cuentas, concluirás que para poder mojar el gaznate no habrá de otra que ir a que te pinten el dedo, literalmente hablando.
Las Delias ya no se dirigirán la palabra para cuando vuelvas de tu viaje de cannabis en el techo, antes de bajar habrás oído quejas, suspiros, lamentos y hasta risas sardónicas por parte de ambas; y, finalmente, la voz gangosa de tu padre, callándolas porque no lo dejan ver la cobertura electoral del canal tres. Sin embargo, conseguirás esfumarte de ese tenso e irrespirable ambiente, y, lo que es más, te alimentarás, ahora sí, como los winners, con tres tacos de barbacoa de chivo y dos consomés calientes, además de dos cocas, pues tendrás la fortuna insólita de encontrar a tu papá de buenas y él los va a invitar a tomar el almuerzo en el tianguis. Delia hija preferirá quedarse, tu papá le va a contestar Muérete de hambre; él usará bermudas amarillas, tu mamá lentes oscuros Ray-Ban de fayuca, y tú, una gorra con el logotipo de The Doors. En la calle te encontrarás con Aldo y te apartarás de tus padres para saludarlo, tu madre se detendrá un momento a esperar por ti pero Paco, ansioso por satisfacer su apetito, la apurará para llegar cuanto antes.




3
Serás un tipo de pocos amigos, hasta cierto punto dicharachero, pero mayormente antisocial, bravucón, malaleche, malacopa y malhablado, además de introspectivo, sarcástico, cáustico, caucásico; con un lunar en cada mejilla (sólo te va a gustar el de la derecha), la cara tapizada de acné, ojos color castaño oscuro con ciertos tornasoles verdosos, nariz de gancho, cuerpo de chorizo, sin aptitudes para el deporte, el tamaño de tu pene, regular. Y, no obstante no sobresalir en nada, tendrás una cantidad decente de followers no sólo en twitter, sino también para el desmadre presencial, siendo Aldo uno de ellos.
De inmediato le preguntarás por qué no fue a la cita (el infeliz prometerá llevar a sus dos primas y a la mera hora ni siquiera él arrastrando las suelas de sus Air Jordan IV Retro repletas de tiras de Rivotril aparecerá). Te contestará preguntando a su vez qué tal estuvo y tú le vas a decir lo siguiente: De lo que te perdiste por pendejo, pensando para tus adentros que no se perdió de nada. En seguida, le darás un informe parcial de lo que desearías que hubiera pasado; le vas a decir, por ejemplo, que el departamento deshabitado y en renta de los papás del Muecas estaba finamente amueblado, equipo de sonido decente, minibar, pantalla LED de un chingamadral de pulgadas, etcétera. Cuando en realidad no habrá ni en dónde sentarse además de el suelo. Quince minutos después de haber llegado, Delia y su amiga Fernanda se irán, ¿A dónde?, querrás saber, A otra party del mundo, responderán desdeñosas, quedándose solos el anfitrión y tú en compañía de las cuarenta y ocho Modelos calientes que comprarán un día antes del fallido evento, y horneando pastelillos especiales. Después llegarán Marisol y Claudia con sus jiotes en brazos y cara, con un bote de chemo para monear y quedarse dormidas en el momento crucial de la reunión, pero a Aldo le enumerarás una lista exagerada de invitadas calientes.
Por supuesto no va a tragárselo, pero al menos dudará. Al final le preguntarás de nuevo por qué no fue y te dirá simplemente que no pudo. Al despedirse querrás saber por cuál va a votar y Aldo te dirá que por ninguno. Finalmente, como dos partículas que al colisionar toman sentidos opuestos, cada quien seguirá su camino.
Tu forma de andar será la de un zombi, postura encorvada, piernas flojas, cara blanda e hinchada como las guayabas de la recaudería (Nota mental: recordar a mamá comprar algunas manzanas de regreso), poros abiertos, ojos bovinos y vidriosos de tantas gotas oculares que te vas a suministrar antes de salir, y el pensamiento hipnotizado. Y, no obstante tu ensimismamiento, el bullicio inusual de las venas de la ciudad provocado por la gran cantidad de gente reunida en las diversas casillas de la colonia, no te pasará desapercibido, notarás que muchos electores llevarán en la mano su propio marcador, ya que se correrá el rumor de que los comisionados de casilla ofrecerán sólo lápices para la votación con el fin de cambiar el sufragio a favor del partido de su elección (tú te enterarás de esto en facebook). Habrá una mezcla heterogénea de jóvenes, viejos, y adultos estancados en la mediana edad. E, inclusive, varios de tus conocidos ya se hallarán esperando en las filas de la democracia (AKA dedocracia) mexicana. Fabio y Luis, por ejemplo, que al verte pasar te van a hacer señas para que te acerques a ejercer tu derecho al sufragio. Sin detenerte vas a explicarles moviendo los labios que te están esperando para almorzar, te llevarás a la boca una mano con las yemas de los dedos reunidas formando una especie de pizca de uñas y falanges en señal de tener hambre, Fabio en seguida se sobará los huevos y tú le mentarás la madre.
Cuando pases junto al negocio de Alejo observarás la pantalla de tu celular y calcularás que faltarán dos horas para que la cortina metálica se levante, imaginarás lo frías y desamparadas que estarán todas esas latas y botellas dentro de sus respectivos refrigeradores, cervezas por acá: Corona, Victoria, Barrilito, Montejo, Pacífico, León, sudando muy juntitas tras el vidrio empañado, y en una situación similar, los cocteles por allá: Viña Real, New Mix, Skyy, Caribe Cooler y Cubaraima, flotando en un Nirvana meta-friísimo de neblina y nubes de freón. Por desgracia, sabrás que esto sólo será otra chaqueta mental, producto de la mota que todavía circulará en tu sistema, ya que en realidad el negocio andará mal de unos meses a la fecha y Alejo no va a poder surtirlo como quisiera; así que tendrás para escoger escasamente algunos productos de la Cuauhtémoc Moctezuma: Indio, Tecate, Bohemia, además de unos extraños vodkas de colores chillones que habrá en el frigorífico más pequeño. Te inclinarás por caguamas de cerveza Sol azorrilladas.




4
En el puesto de alimentos te sentarás en un banco de plástico azul celeste, a la orilla de la mesa cebosa, al pie de la avenida, tu madre junto a ti y tu padre junto a ella. No me gustan nada tus amistades, te va a reprochar Delia con una mirada fulminante, Yo tampoco les gusto a sus madres, vas a responder y un colérico tortazo azotará tu rostro al instante subsiguiente. Ante el fuerte estruendo, los otros nueve clientes a lo largo del mantel van a voltear en dirección hacia tu acné, afortunadamente para ti no conocerás a ninguno de ellos, por lo cual tragarás tu vergüenza con mayor dignidad. Francisco, en el límite de la paciencia, les pedirá a ustedes que se calmen y coman. No habrá más contratiempos; respirarás hondo y llegará a tus sentidos una oleada transitoria con los matices peculiares de un mercadillo popular, el olor de los refrescos distribuidos sobre el hule pegajoso te será más intenso que el de la carne misma. Un Jarrito de piña para el botijón del extremo contrario al tuyo, acompañándolo irá otra mujer no menos gorda, con pecas y refresco de manzana, a la derecha de Francisco un matrimonio con ropa de gimnasio y músculos insólitos beberá un par de Monster Energy conseguidos en alguna tienda de conveniencia, el del tipo, sabor Monster Assault, el de ella, sabor Monster Black Ice, y los cinco comensales restantes serán una familia acodada en la mesa contigua: una cagona de 3 años, un mamón de veintitantos colgado de un Nextel, el achacoso y viudo abuelo con cataratas y los resignados padres masticando sus tacos como reses pastando en la pradera, cada uno de ellos bebiendo Coca-Cola con pajilla. El sonido de los cientos de ruidos discordantes ametrallará tus oídos, ora una descarga de los éxitos de LMFAO desde un puesto de CDs pirata, ora los alaridos de los vendedores ofreciendo productos inútiles de china procedencia, ora un vil sketch de Las Lavanderas reproduciéndose a un volumen ultrajante y distorsionado de tan fuerte. Y de pilón, el calor de la resaca y la decepción de la noche anterior.
A continuación, vas a hacer un recuento de los hechos para averiguar dónde será que se va a joder la situación, Si ya no se puede confiar ni en el alcohol gratuito para atraer chichis, ya no se puede estar seguro de nada en la puta vida, te dirás con auténtica amargura, la carnada perfecta ha fallado. No entiendo qué pedo se les atoró, qué objeción pudieron ponerle a los brownies de mota, a las cervezas, a un departamento sin padres ni ninguna clase de tutela. Recordarás también haber estado fajando con una de las jóvenes cementeras antes de que ésta vomitara el piso del baño sin prestar demasiada atención a las quejas del anfitrión. Una mancha negra y masuda producto del exceso de bizcochos cubrirá la loseta por doquier, tú la asistirás echando su cabello hacia un lado y sosteniéndola por la cintura. Sin embargo, al mirarte en el sarroso espejo de a perrito, tendrás una erección y entonces ella te va a empujar con sus posaderas hacia afuera y luego cerrará con pestillo. De inmediato suspirarás, sintiendo un hondo alivio, ya que aunado al deseo sexual también te habrá invadido un pánico demencial por haber llegado a la frontera de lo desconocido. Cuando salga, con el pelo enmarañado y los ojos rojos e hinchados de sueño y asco, se echará a dormir en el suelo junto a Marisol y sabrás que eso es todo; Una noche más sin sexo, le dirás al Muecas y se soltarán descontrolados a reír a carcajadas. Lo planeamos por semanas y fue una bazofia; terminarás así concluyendo que los adolescentes son difíciles de predecir, y que en muchos casos y aunque no estén dispuestos a admitirlo, como tú mismo, le temen al sexo.
Con un palillo extraído de un frasco al centro de la mesa Francisco se escarbará los dientes, escupiendo restos de comida y pasándose la lengua por los intersticios para asegurarse que no queden residuos, y notarás por primera vez la gran separación entre los incisivos de tu padre, una ventana, que será seguramente lo que le dará ese toque chusco a su cara de niño cada vez que sonría. Tu madre, por otro lado, aunque mermada su blancura a causa de los más de cinco cigarros que fumará al día desde los veintiséis, conservará todavía una dentadura impecable y, por estar consciente de esto, no la lastimará clavándose una estaca en las encías, ¿Sí sabias que para eso son los cepillos de dientes?, le dirá a su marido con sarcasmo, y él, mirando de soslayo las duras y firmes nalgas de una rubia oxigenada no mayor que tú, sin escucharla, simplemente por comentar algo, lo más neutral posible, responderá, Orita no me estés chingando, y todo habría ido bien, acostumbrada como lo va a estar Delia a la aspereza de ese asqueroso cuerpo humano no le habría reprochado el hecho de portarse como un hijo de puta la mayoría del tiempo, pero Paco se irá de la lengua y una palabra más resbalará por sus labios, gorgoteando entre la baba: Mirna. ¿Cómo me llamaste? Delia, rectificará tu padre atropelladamente, perdón me equivoqué, ¿Escuchaste a tu papá?, quedas de testigo para que luego no me digan que estoy neurótica cuando les digo que éste llega oliendo a perfume de gata, porque ya me di cuenta que entre los dos se solapan sus puercos secretos, les reclamará ella mirándolos a uno y otro, elevando, aunque no mucho, la voz; Ya bájale Delicia, sólo me falta que pienses que te estoy poniendo los cuernos con la espantosa asistente del jefe, además, para qué sacrificar el amor verdadero por una noche de deseo carnal. ¿O tú lo harías?, porque yo no, antes me corto un huevo. Lo que a ti te parecerá una versión guarra de la frase más hueca y gastada de quienes engañan a sus parejas, a tu madre en cambio le sonará fascinante, y sólo opondrá un poco, si acaso algo, de resistencia, Pero podría ser otra, las zorras abundan. Te estoy diciendo que no. Pues más te vale.




5
De pronto te descubrirás tirado sobre la cama de tu reducida habitación, cambiando la televisión de canal compulsivamente, hasta que a la cuarta o quinta vuelta que le des a la programación te convenzas de que no quieres ver nada y apagues el armatoste, no sin fastidio. En seguida, encenderás la computadora, mientras esperas a que arranque, le pondrás mariguana al hitter y le darás cinco caladas, la última y más prolongada de las cuales te hará toser. Ya puesto en trance abrirás iTunes y, guiado por el Amputechture, de The Mars Volta, te arrojarás de nuevo hacia el hundido colchón.
Un alud de sensaciones vertiginosas e intenciones absurdas te arrastrará en un precipitado descenso interior hacia la raíz de tu propio culo; hitter aun en mano, los labios resecos, la mirada hecha añicos en el techo, el cabello sucio, gradualmente caerás al vacío con la cabeza flotando y chocando por todas partes de la habitación, inflada de un gas sin peso. Por decirlo de algún modo un poco más literario, (ya que durante la pubertad has de desarrollar una afinidad por las letras que sólo aumentará con los años) te sentirás entrecomillado del cerebro. Enchufado en el tomacorriente de una pared el aromatizante eléctrico despedirá un sutil olor a canela y manzana.
En la banqueta de enfrente, a escasos dos lotes de distancia, vivirán los Juárez, pequeña familia de cuatro. Dos deliciosos retoños que sólo has de admirar de lejos, poco menos que por correspondencia. Siempre que las veas, pensarás que ese debe ser el resultado de la exitosa cruza entre dos bellas mujeres, su hermoso y afeminado padre, y su madre silenciosa y frustrada pero fatal todavía, reforzarán tu teoría. Originarios de Durango, los Juarez emigrarán al D.F. al poco tiempo de casarse y serán parte de los fundadores de la colonia, además de tu difunto abuelo y un pequeño grupo heterogéneo de moradores. Aunque reservados, los Juárez siempre se mostrarán amables, pero también y sobre todo marcarán una muy notable distancia para con los vecinos. Sus hijas serán mayores que tú por algunos años. La mayor de ellas, recientemente adquirida en matrimonio por un gachupín dueño de una escuela privada, según rumores, ya no vivirá allí. La más joven, Carmina, permanecerá soltera todavía y seguirá donde sus padres, pasando las noches en un cuarto húmedo similar al tuyo con vistas hacia la calle.
Súbitamente saltarás de la cama al recordar cuando Carmina, (su nombre será lo único que sabrás de ella y por ello lo repetirás hasta el hartazgo), y tú se encontraron, frente a frente, solos, en la intimidad de sus habitaciones, una tarde no muy lejana a esta: en aquella ocasión habrás de deslizar la cortina y la verás, a no más de veinte metros de distancia, de pie frente a ti; Carmina volteará y te mirará, tú sostendrás, por un lado, el humo dentro de tus pulmones que segundos antes habrás anhelado expulsar, y, por el otro, la mirada nerviosa y tibia, ya que que a pesar de que querrás desviarla de esos inexpresivos ojos de maniquí divino, cargados de una violenta indiferencia, no podrás hacerlo. Medio minuto transcurrirá antes de que te apartes de la ventana lentamente, retrocediendo hasta un rincón. Exhalarás; un bochorno recorrerá tu cuerpo, dejándote la sensación de haber hecho algo muy malo, y te dejarás caer sobre la silla donde, con el transcurso de los años, leerás un vasto catálogo de textos de ficción.
La tarde del uno de julio repetirás la escena con la esperanza de encontrarla de nuevo, convencido de que ahora sí harías lo correcto, o sea sacudirte la verga y ofrecérsela de todo corazón desde la intimidad de tus aposentos, mas esta vez sólo hallarás el cristal inmaculado mostrando un espacio hueco.
Verás a Delia y a Francisco salir por la puerta, en un acto reflejo, ella volteará hacia arriba y no podrás ocultarte a tiempo. Aguantando la respiración, vas a preguntar, ¿A dónde van? Tu madre, cansada de ti, de tener que lidiar con una puta familia disfuncional, y principalmente harta de sí misma, de ver sus anhelos truncados; simplemente va a fingir no notar tu estado y te dirá Vamos a votar, vente con nosotros, Orita los alcanzo, responderás echando humo hasta por las orejas. Después, te aplicarás otro par de gotas Devlin para ojos rojos y decidirás que ya va siendo hora de salir a por esas cervezas para refrescarte un poco la garganta y el ánimo, ya que la mota, de un tiempo a la fecha, no estará funcionando tan bien como debiera.
Es lo mejor que probarás en años, alardeará tu hermana al irrumpir en la alcoba con una pastilla alargada color aguamarina justo cuando abras la puerta para irte, no comprenderás lo que te diga hasta que te muestre la píldora en cuestión. Entonces, tus ojos brillarán como dos radares que han interceptado una nave amiga en medio de tanta hostilidad. Qué bien, te sacaste un diez brodersita, No me digas brodersita pendejo, y no te la estoy regalando, son ciento cincuenta si la quieres, pero es lo mejor que probarás en años, te lo garantizo. Es lo mejor que probarás en años, ¿quién te enseñó a decir esa mamada?, ¿tu dealer o tu proxeneta? ¿Proxeneta?, ¿quién usa esa pinche palabra anticuada?, Yo, porque es domingo y para que no me vengas con esos aires de instruida, ¿Qué tiene que ver que sea domingo pendejo?, Que puedo usar palabras domingueras. No pinchesmamestuchingadamadre, devuélveme eso.
No cederás tan fácil, antes tendrá que sufrir. Le voy a contar a padres, ya lo verás, ruega porque la trague cuanto antes, Deja ese puto lenguaje y dame eso de una vez por todas mamón, ¿Dónde la conseguiste?, fue un regalo de Manuel, me la dio en la fiesta de ayer, que, por cierto, estuvo mucho mejor que la que organizaste tú, sólo que me entró el miedo y no me la tragué, y al final sólo tuve que poner una cara como la tuya para pasar inadvertida. Pero escuché cuánto cuesta y como no me caería mal algo de pasta, aquí me tienes vicioso, Pues a buen árbol de arrimas, no tengo ni madres, además, esto qué es, ¿Mezcalina, Ketamina, Anfetamina, o Aspirina?, ni tú sabes, me podrías estar envenenando, pero luego te doy algo por ella, ya vete. Ni madres, regrésamela o conocerás el filo de mis uñas.
Decepcionado por no haberle podido sonsacar esa magnífica pieza de arte sicotrópico a tu hermana, caminarás pateando basura a lo largo de las cinco cuadras que mediarán entre el negocio de Alejo y tu domicilio. Te sentirás algo deprimido, desencajado, flácido, como una pieza de Jenga fácil de extirpar del juego.




6
Al llegar a tu destino pasará lo que te he explicado antes. Alejo y tú se van a decir hola, chocarán sus palmas y sus puños se impactarán suavemente uno contra el otro en un saludo fraternal.  A pesar de que querrás iniciar la conversación con un pequeño preámbulo antes de ir directo al grano, no alcanzarás ni a abrir la boca para preguntar cómo está la familia, o los negocios, o alguna boludez por el estilo, ya que Alejo te abordará antes preguntando si ya has votado, lo cual te llevará a responder que no porque te falta combustible, y agregarás ¿Puedes darme un poco de crédito tío?, echando de este modo por tierra tus intenciones de ablandarlo antes de soltar el sablazo. Al principio él te dirá que estás loco, te recordará el detalle de la ley seca, hará una observación acerca de tu deplorable aspecto y se permitirá mencionar también que ya va siendo momento de que le des un rumbo a tu vida. Esto último sonará tan a tu padre que a partir de ese instante y sin tener conocimiento alguno del nuevo título que habrá de ostentar, Alejo dejará de parecerte la persona más cool del planeta para volverse un pinche pariente más.
Su sustituto llegará unas semanas después en la figura de un vejestorio de cien años, calvo, de mirada adormilada, ciego como un topo, juzgarás por sus lentes, y; no obstante ser un fósil, ese anciano de nariz y barbilla partidas, con traza de golfillo de la era cuaternaria, según tu opinión, se volverá tu rockstar favorito por un tiempo considerable; su nombre, José Saramago.
De inmediato le responderás a tu tío con un golpe bajo en una frase cargada de descaro: Sólo por hoy, dirás, haciendo referencia al eslogan de los doble A, grupo del que tu tío será miembro desde los veintiocho. Tú sabes lo que se siente andar crudo y sin dinero. Alejo soltará una risita involuntaria y accederá por fin. OK sobrino, cuando vuelvas de cumplir con la jodida patria consideraré prestarte algo, y añadirá, ya sabes quién es nuestro gallo, nada de cagarla.
La escuela primaria El Sol del Conocimiento será la sede donde se habrá instalado tu casilla correspondiente, tan cerca que antes de que te enteres ya estarás frente a su entrada. Al llegar mirarás alrededor en busca de Paco y Delia, sin embargo, no los verás por ningún lado, ni cerca de las urnas, ni departiendo con los vecinos de culos fruncidos, ni quemando banderas. Ya se fueron, y los imaginarás en casa, arrellanados en el sofá-cama de terciopelo cerúleo de la sala, frente a la TV, comiendo palomitas para microondas sabor mantequilla extra, el favorito de los dos.
Sentirás una punzada en las sienes al ingresar, después de casi media vida, al viejo patio de recreo, pero no le permitirás a tu mente ir más lejos de ese perímetro seudo rectangular, diapositiva mal diseñada para la presentación de tu niñez (ahora niniez), hoja de cálculo imperfecta en que se analizará el costo de tus rodillas raspadas, de tus mocos de sangre y de tu curiosidad infantil,  procesador de textos indigestos que se sale de los márgenes, todo en uno el patio del colegio: sistema operativo de tu primera edad.
Dejarse llevar por los recuerdos es peligroso, según tu experiencia, uno espera hundirse un poco, traer a la cabeza cuando me besaba a escondidas con Ximena detrás de las aulas, por ejemplo, o rememorar aquella vez que, de chiripa, metí un gol en la cancha de fut del fondo, e, inclusive, en una ocasión hasta gané un concurso de carreras en la kermés anual, me dieron una medalla de chocolate que intercambié por una boda apresurada en el falso registro civil, aunque no hubo luna de miel, pues apenas se devoró la presea, mi linda esposa me abandonó.
La desventaja de recordar es que, aunque uno no lo desee, la mierda siempre sale a flote... siempre el salón de clases, acompañado siempre de la repulsiva maestra Gisela, siempre con su voz falsamente melosa, siempre castigándote, siempre asediándote, hasta que consiga tenerte a solas por cinco minutos e implementar un castigo muy inusual que nunca olvidarás... Hija de puta.
Vendrá un mareo, seguramente debido al calor, y caerás. Luego de levantarte con la cabeza palpitando te largarás de ahí a prisa, sintiendo arcadas repugnantes, eructando el chivo cuyos trozos de materia seguirán atascados en tus tripas. Al llegar a un tramo sin tránsito, no obstante, lo vomitarás todo hasta vaciarte.
La bobada que harás a continuación para engañar a tu tío funcionará sin percances. Sencillamente,  meterás el pulgar derecho en el mofle de un vocho color índigo sin llantas estacionado por la esquina, lo embarrarás con ganas en el hollín del coche, luego, limpiarás tu dedo en el pantalón, lo examinarás desde todos los ángulos y listo: una endeble mancha negra cubrirá la huella digital del pulgar de tu mano derecha, la mano amiga, la que has de emplear para pajearte frecuentemente. Sólo te faltará simular el fuerte aroma a aderezo del tinte especial usado por el Instituto Federal Electoral, pero confiarás en que Alejo no pedirá olerte.
Hecho, le dirás al regresar, levantando el tembloroso pulgar en señal de triunfo, ésta elección la tenemos ganada. No siendo la clase de persona que se fija demasiado en los detalles, sino más bien un tipo práctico, distraído y de naturaleza nerviosa, Alejo no reparará en tu semblante levemente pálido ni notará el horror que habrán de mostrar tus pequeños ojos de siervo vulnerado, sólo se detendrá de lo que esté haciendo para apuntar tu nombre en una libreta junto a la cantidad correspondiente a tres caguamas, sacará el producto del refrigerador después de pedirte que vigiles la entrada del local, lo cual te parecerá innecesario ya que a nadie va a importarle que un borrachín rompa las reglas, pero obedecerás y, mientras tú vigiles, Alejo meterá la mercancía clandestina en una mochila para que te vayas cuanto antes.
A sabiendas de que no puedes ir a beber tranquilamente a tu cuarto sin pasar por el sondeo de tus padres, optarás por dedicarte a la vagancia un rato, al doblar la esquina una ácida gota de agua proveniente del cielo lamerá tu oreja.
Con casi tres litros de pisto a cuestas conseguidos de manera clandestina, deambularás por horas sin rumbo alguno a través de las intrincadas ramblas del castigado barrio, tomando sorbitos de cerveza tibia cuando no haya gente cerca y meando donde te sea posible, ya sea en el tronco de un árbol marchito o en algún poste de luz, alejándote cada vez más de tus linderos. Abstraído totalmente de tus preocupaciones, dueño universal de tus pasos y de tu carne y de tu grasa corporal, quien te vea dirá que pareces un borrego escapando del rebaño. Y aun así no faltará quien diga que tu vida necesita control urgentemente.
Una fresca llovizna se anunciará de repente. Le darás la bienvenida con la boca abierta.




Epílogo
A las once, si no es que hasta medianoche, estarás de vuelta en casa, ebrio como una cuba, además de empapado por la lluvia que arreciará sin previo aviso, salpicados tus inmundos tenis Converse de basca y orina, tu ropa impregnada de tus efluvios corporales y de los de las coladeras. Francisco te estará esperando en pantuflas para recibirte con regañinas, Delia lo secundará emergiendo del dormitorio con una aplicación de plátano y miel especial para el cuidado de la piel reseca; habrá una riña, sabrás que tu hermana se ha escapado con su novio por séptima vez en el año cuando,  harto de escuchar lo mismo de siempre, mandes a tus padres a la chingada y corras a tu habitación, donde hallarás la Special K en el cajón del buró. Después de sacarte la ropa y ponerte algo seco y ligero para dormir, la tragarás y pondrás música nuevamente. Verás sonidos, oirás aromas, palparás la luz del foco, y poco o nada te importará saber quién ganó las nefastas elecciones, porque en tu opinión no serás ni de izquierda ni de derecha, sino de los de abajo. Y esos nunca ganan, concluirás, drogado y sonriente.

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