Una palabra intrusa

Ya sea en este suelo, ya sea en otros peores, siempre he sentido que estoy fuera de lugar, durmiendo el sueño de alguien más y enamorándome de sus amores, alimentando al perro de otro dueño, acostándome con su mujer, mirando en el espejo a un ser que cada mañana debo obligarme a creer que soy yo, así he vivido tantos años, como un objeto fuera de temporada, ocupando el sitio de un extraño, que cualquiera diría que me pertenezco desde el principio pero, lo cierto es que no me acostumbro todavía ni siquiera a mi voz, que me adjetiva como “demasiado gritón”, tampoco a esta nariz tan retorcida, si algún día me hiciera cambios, sería lo primero que me sacaría de encima, bueno, no a mí, sino al que dicen que soy, del que tomo prestados los labios, la verga y el rencor, el que nunca aprende, del que nunca aprendo, el que toma la vida como venga sin pedir una opinión, ciertamente, no espero que este texto cambie nada, lo uso sólo de pretexto para salir un rato a jugar sin el estuche de gamuza de este cuerpo barato, si alguien desea verme, buscar entre sus propias palabras la más intrusa, aquella que no encaje en ninguna expresión, ése soy.

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