Azul novato


Ya no uso tantas drogas, ni río sin una buena razón, y aunque la vida todavía me agobia, ya no me engaña con facilidad, ya distingo una carnada aunque venga disfrazada de algodón, dicen que a eso se le llama madurar, ya cambiaron muchas cosas, para mal o para peor, mi madre no me arropa, papá ya no me dice campeón, no conozco a mis hermanos y mis amigos me olvidaron aunque yo a ellos de vez en cuando los extraño. Ya no rindo en las peleas de calle, se me fue el punch, dejé de gritar como loco que la soledad me vale madre, ahora me preocupo si no veo a nadie a mi alrededor, ya no soy un anarquista, un rebelde intransigente, al contrario, tengo listas de deberes, tengo cursos que atender, tengo canas, tengo multas, y, como la gente adulta, gano un peso y debo veinte, crecí diez años en un día, mientras bebía, mientras viajaba a los mundos de Albert Camus, de Bukowski y de Lezama, el tiempo, que incumplió lo que planeamos, me siguió y ahora le debo una cicatriz por cada caguama, y de las numerosas líneas que formé sólo me quedan líneas y líneas de números rojos, ya uso anteojos de imbécil, pero igual dejé de ser el imbécil que usaba anteojos, mandé a la basura los Converse rotos, a Super Mario y a la Princesa, se acabó el juego de hadas, por miedo a las venéreas puse el sexo en la nevera, ya no huelo a vodka de grosella ni rindo tanto en la cama, pero si con un chasquido de los dedos pudiera cambiar todo, cualquier cosa, o nada, nada cambiaba, soy una partícula indispensable en una suave cucharada de mousse de chocolate.

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